jueves, 10 de abril de 2014

Yo, ya se pensar.



En el libro de 3º de primaria proponen una serie de ejercicios bajo el titulo: ¡Aprende a pensar!
La reacción de la niña ante esta frase  me ha dado mucho que pensar a mi…
- Yo, ya se pensar!! (tono de indignación) ¿pero es que “los del libro" se creen que las niñas no pensamos? 
Yo que me rallo un poco, observo la sutil sensación de sentirse  menospreciada por ser una persona pequeña que tiene la niña.

Aprender desde el esfuerzo.
Uno de los grandes errores que cometemos en las escuelas  es suponer que estudiar debe ser un esfuerzo.  
Familias y maestr@s  optamos  por crear hábitos de estudio, fomentado la  disciplina, valorando equivocadamente el  esfuerzo que hacen por las criaturas por aprender , lo que nosotros les decimos que tienen que aprender.

  

Pensamos que si no se les fuerza y  se les obliga l@s niñ@s se convertirán en unos vagos que se pasarán el día jugando sin aprender nada o que solo trabajaran bajo amenaza,  esta idea parte de una profunda desconfianza hacia las criaturas que obliga a algunos maestr@s a la vigilancia y el control.

Nos equivocamos, aprender no debería ser un esfuerzo, sino un juego al que nos entregamos desde el placer mismo del aprendizaje.
… Si en lugar de tratar de enseñarles a pensar, tratáramos de evitar que pierdan el interés por aprender y pensar por sí mism@s.

Para ello bastaría con no matar su curiosidad.  Si, si los niños  y las niñas son seres  curiosos por naturaleza y quieren aprender, disfrutan aprendiendo!!

El adulto  debe estar  a disposición del niñ@ para ofrecerle las herramientas con las que satisfacer su curiosidad. 
Sin  darles respuestas cerradas a sus preguntas, 
(como solemos hacer ) si no respondiendo con una otra pregunta que les ayude a resolver la cuestión por ellos mismos, acompañandoles en su proceso de aprendizaje, no enseñándoles.

 

Aprender desde el placer  
Las criaturas a las que se les permite experimentar el aprendizaje autónomo, cambian el esfuerzo de aprender por la entrega total  al proceso de aprendizaje.
Experimentan sin temor a equivocarse, porque no son juzgados ni evaluados. Pueden permitirse el lujo de leer todo el tiempo que les dé la gana, de hacer experimentos, aprenden matemáticas para cubrir una necesidad real , porque  las necesitan para jugar a determinados juegos o para su vida cotidiana, como para diseñar un cambio en su habitación necesitan aprender a medir y a hacer planos, el día a día ofrece infinitas posibilidades de aprender.
 
Convierten el aprendizaje en un placer, en un juego al que se entregan con pasión.
Piensan por ellos mismos, sin necesidad de enseñarles a pensar.
Solamente tenemos que dejar de  interferir en sus ganas de aprender, dejando de decirles que tienen que aprender, cómo y cuando tienen que aprenderlo y confiar plenamente en su increíble capacidad de aprendizaje.

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